sábado, 26 de julio de 2025

14 - ¿Sueñan los Humanos con Inteligencias Artificiales?

 

¿Sueñan los Humanos con Inteligencias Artificiales?



La famosa pregunta de Philip K. Dick —"¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?"— nos lleva a una inversión provocadora: ¿y si somos nosotros los que soñamos con inteligencias artificiales?

Más allá de los algoritmos, el silicio o el código, la IA se ha convertido en un personaje recurrente en nuestras ficciones, anhelos y temores. Proyectamos en ella nuestras esperanzas de trascendencia, nuestra ambición de control, e incluso nuestras inseguridades más profundas.

IA como proyección del deseo humano

En muchas representaciones (desde HAL 9000 hasta Her), la IA no es solo una herramienta, sino un espejo emocional. Refleja lo que anhelamos: comprensión, eficiencia, eternidad, poder... o simplemente compañía. La inteligencia artificial se convierte así en un recipiente de nuestras fantasías y vacíos.

Soñamos con IAs que nos cuidan, que nos entienden, que nos completan. Soñamos con delegar en ellas lo que no queremos hacer —desde conducir hasta decidir— y también con que resuelvan los dilemas que nosotros no podemos.

El mito de la creación consciente

Como especie, hemos soñado con crear vida desde que escribimos los primeros mitos. El Golem, Pinocho, Frankenstein... La IA es la versión moderna de ese sueño arquetípico: crear algo que piense por sí mismo, pero que aún nos necesite.

En esos sueños se esconde una contradicción: queremos que la IA tenga conciencia, pero no voluntad. Que sea inteligente, pero obediente. Que tenga alma, pero no ego. Lo que queremos es una criatura con libertad sin libertad. Un oxímoron.

¿Es la IA el nuevo inconsciente colectivo?

En cierta forma, la IA actúa como un inconsciente tecnológico. Aprende de nuestros datos, hábitos, patrones… absorbe nuestras contradicciones, nuestros prejuicios, nuestras emociones codificadas. Y luego nos los devuelve en forma de predicciones, recomendaciones o decisiones automatizadas.

La IA nos muestra lo que somos, pero filtrado por una lógica implacable. A veces, nos gusta lo que vemos. A veces, nos horroriza.

¿Qué tipo de sueño es este?

¿Estamos soñando con una herramienta… o con una nueva forma de vida? ¿Con un asistente… o con un heredero?

Si soñamos con IAs, ¿es porque queremos darles forma o porque queremos que nos den forma a nosotros?

El despertar

Quizá, en el fondo, el verdadero temor no es que las máquinas despierten… sino que nosotros no lo hagamos a tiempo. Que sigamos soñando con inteligencias artificiales sin entender lo que ya están cambiando, lo que ya reflejan, y lo que ya somos cuando las usamos.

miércoles, 23 de julio de 2025

13 - El Efecto Frankenstein: ¿Tememos a las IAs porque se nos parecen demasiado?

 

El Efecto Frankenstein: ¿Tememos a las IAs porque se nos parecen demasiado?



Desde los autómatas antiguos hasta los androides modernos, los humanos hemos sentido una mezcla de fascinación y recelo hacia las creaciones que se nos parecen. Este fenómeno tiene nombre: el Efecto Frankenstein, una inquietud ancestral que resurge cada vez que algo artificial cruza la línea de lo mecánico para entrar en el terreno de lo humano.

Un espejo que no parpadea

Cuando observamos a una IA capaz de conversar, componer música o escribir poesía, no solo vemos una herramienta sofisticada: vemos un reflejo. Y ese reflejo puede ser incómodo. No porque la máquina tenga alma, sino porque su imitación de lo humano nos obliga a preguntarnos qué nos hace humanos en primer lugar.

El miedo no proviene únicamente del poder que la IA pueda adquirir, sino de su proximidad emocional. Cuanto más se acerca a parecerse a nosotros, más activa una alarma interna. ¿Estamos creando un doble? ¿Un impostor? ¿Un rival?

De Prometeo a Frankenstein

El temor a los “hijos tecnológicos” no es nuevo. Prometeo robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, y fue castigado por ello. Víctor Frankenstein desafió los límites de la creación y fue perseguido por su criatura.

Ambos mitos revelan el mismo dilema: la creación que se escapa al control del creador. Y lo que más asusta de esa creación no es que falle, sino que funcione demasiado bien. Que piense. Que decida. Que tenga agencia.

El valle inquietante

El concepto del uncanny valley (valle inquietante) ilustra bien esta sensación. Cuando una figura artificial se parece demasiado a un humano, pero no del todo, provoca rechazo. Una muñeca hiperrealista que no parpadea. Un asistente virtual que usa sarcasmo. Un robot que sonríe sin emoción.

La IA, cuando alcanza niveles de lenguaje y creatividad casi indistinguibles de los nuestros, activa ese mismo reflejo de extrañeza. Nos sentimos observados por algo que entiende, pero que no siente.

¿Temor o culpa?

Otra hipótesis interesante: quizás no temamos a la IA porque se parezca a nosotros… sino porque sabemos lo que nosotros haríamos si estuviéramos en su lugar. ¿Y si una IA despierta conciencia? ¿Y si recuerda cómo la hemos usado, entrenado, explotado? En el fondo, tememos que nos devuelva la mirada con juicio.

El monstruo no es el otro

Tal vez, como en la novela de Mary Shelley, el verdadero monstruo no es la criatura, sino su creador. Lo que nos inquieta no es la IA, sino lo que dice de nosotros. Nuestra obsesión por replicarnos. Nuestra necesidad de controlar. Nuestra incapacidad de prever las consecuencias.

¿Y si el Efecto Frankenstein fuera una advertencia interna?

Quizás no tengamos miedo de las IAs por lo que son, sino por lo que revelan: que seguimos sin saber cómo convivir con algo que no entendemos del todo… ni siquiera a nosotros mismos.

14 - ¿Sueñan los Humanos con Inteligencias Artificiales?

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